sábado, 20 de junio de 2026

Rotondas para la guerra



Más allá del famoso deseo de místers y misses de la paz mundial, sin duda si se pregunta a cualquier persona si es partidaria de la guerra, dirá que no, porque solamente un enfermo mental podría reconocer así, abiertamente, que le gustan las guerras, su hambre, su muerte, su dolor y sus miserias. Pero lo curioso viene luego, cuando hurgando un poco, se va viendo que la gente las normaliza, las justifica y ve como naturales aquellas cosas que están necesariamente vinculadas a la guerra.

Albacete es una ciudad tradicionalmente unida a la aeronáutica. Justo este año se cumplían 100 años desde que Juan de la Cierva nos visitaba para presentar su autogiro en el aeródromo La Torrecica. ¡Qué gran oportunidad para haber hecho un homenaje a aquel hito histórico para la navegación aérea y para nuestra ciudad! Pero no, las cosas no iban por ahí.

Podríamos entender que la vinculación de la ciudad al Ala 14 del Ejército del Aire, pudiera hacer que numerosos ciudadanos de Albacete deseasen un reconocimiento a la industria desplegada en los últimos tiempos. Incluso en ese caso, cabrían muchas formas de reconocimiento… pero… ¿un arma de guerra convertida en monumento era la mejor opción? ¿No había mejor idea que poner un avión de guerra, un Mirage F1, un avión de combate diseñado y fabricado en Francia, vendido en los despachos como el avión que mataba más y mejor? Desplegado en numerosos conflictos al margen del derecho internacional, como la Guerra del Golfo o la Guerra de Libia, y utilizado por Marruecos para masacrar a la población saharaui, contaba con dos cañones internos y capacidad para portar misiles aire-aire, bombas guiadas y cohetes en sus soportes subalares. En fin, lo que viene siendo un arma de guerra que se usaba para lo que se usaba.

Ya decimos, aparte de creer que hay cientos de motivos que merecerían un monumento o una rotonda en Albacete, la mejor idea, además para un área de formación (universidad, colegio…) ¿era poner un instrumento de guerra? ¿Qué pasó, por ejemplo, con la obra del gran escultor almanseño José Luis Sánchez que se retiró hace unos años de la carretera de Valencia? ¿No se podía haber aprovechado para restituirla en este nuevo emplazamiento? Se acaban las palabras para describir el dislate.

Luego, en el acto de instalación, el toque de macarrillas de discoteca, que se sepa que estamos aquí, que enfermos, ancianos, bebés, etc., se enteren… unas pasaditas rasas para reventar de ruido muy por encima de los niveles permitidos, que si se hace con la fanfarria de himnos, banderas y autoridades parece que luce más.

Bueno, no nos extrañe que un día de estos, se le cambie al sembrador su morral de semillas por un buen fusil de asalto M16… aunque mejor no dar ideas.

@CPuenteMadera

domingo, 7 de junio de 2026

EL CUENTO DE LA CHACHA MANCHEGA


Todo ocurrió muy rápido. La gente parecía sorprendida. Pero, en realidad, casi nadie hizo nada para evitar que los Hijos de Torquemada llegaran al poder. Es más, las derechas sistémicas les sirvieron de trampolín, como en el siglo XX. Y las izquierdas les facilitaron la victoria atomizándose en torno a innumerables tribus y liderazgos, como siempre.

Los ministros fueron sustituidos por “comandantes”, aunque casi ninguno de ellos, todos hombres, había hecho el servicio militar. Nunca habían ocultado sus propósitos. En cuanto llegaron al poder, cancelaron representaciones, censuraron publicaciones, aherrojaron los medios, prohibieron partidos y sindicatos, suspendieron el derecho de huelga y deportaron del país a millones de inmigrantes. Esto último provocó el colapso del mercado laboral y generó una crisis económica sin precedentes. La patronal, que había saludado el cambio de régimen con indisimulada satisfacción, expresó su malestar. Fue entonces cuando el nuevo gobierno, muy amante, por otro lado, de referencias nostálgicas, procedió a resucitar el Patronato para la Redención de Penas. Miles y miles de hombres y mujeres encarcelados por sus ideas fueron obligados a trabajar como esclavos para intentar reflotar la productividad en los sectores más afectados por la Gran Expulsión. Además, participaron en la construcción de monumentos megalómanos como la Cruz de Santiago gigante levantada sobre la mole rocosa de las Peñas de San Pedro, en Albacete, destinada a convertirse en mausoleo del Jefe Supremo (también conocido como el Reconquistador por haber evitado el reemplazo de la religión cristiana por la musulmana). Allí murieron muchas personas como consecuencia del agotamiento, las palizas o la falta de atención médica. Sus cuerpos, como los del resto de víctimas de la violencia política, permanecen en cunetas y fosas comunes.

Para solventar el problema demográfico, las nuevas autoridades recurrieron al clásico robo de bebés de mujeres de izquierdas internadas en establecimientos penitenciarios. Fueron decenas de miles. Así, además, se contribuía a la extirpación del célebre “gen rojo”, que supuestamente provocaba delirios de justicia y libertad. Pero no fue suficiente para compensar el efecto de las deportaciones masivas, de modo que se optó por restablecer el Patronato de Protección a la Mujer, en cuyo seno legiones de muchachas jóvenes fueron reprogramadas para convertirse en madres fecundas al servicio del estado. Aunque las comunidades autónomas habían sido suprimidas, la vocación vagamente folklórica y regionalista imperante alentó a las delegaciones territoriales a crear su propia nomenclatura. Así, en nuestra región, esas pobres chicas, que se distinguían de las demás por llevar en la cabeza el típico pañuelo aldeano y una toquilla o pelerina sobre los hombros, eran conocidas como “las chachas”. Los hombres armados que las vigilaban eran “los gañanes” y siempre se presentaban en público ataviados con la tradicional boina.

El orden público siempre fue una de las grandes preocupaciones de los Hijos de Torquemada, que no se limitaron a recuperar la Dirección General de Seguridad y el Tribunal de Orden Público, sino que repristinaron (uno de sus verbos preferidos) la institución que mejor representaba su espíritu fundacional: el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. El aumento exponencial de la represión, sin embargo, no disuadió a los sectores más comprometidos de la sociedad. Las chachas manchegas empezaron a forjar lazos de solidaridad en el interior de los correccionales. Durante sus salidas controladas, lograron comunicarse con líderes feministas que, pasado un tiempo, habían logrado recomponer sus organizaciones en la clandestinidad. El caso más notable quizá sea el de Ágora, en Albacete. A ellas se unieron veteranos luchadores antifranquistas, jóvenes indignados con la deriva del régimen o arrepentidos por haberlo apoyado en algún momento, cristianos heterodoxos, sindicalistas, activistas sociales, miembros del colectivo LGTBIQ+, personas defensoras de los derechos humanos, demócratas en general, brigadistas extranjeros de toda clase, condición y sexo… Cualquier espacio servía como lugar de reunión. Cualquier momento era bueno para conspirar contra la nueva dictadura.

Y así nació la Resistencia.

@CPuenteMadera


Imagen: Detalle de una obra de Juan Miguel Rodríguez Cuesta.