El organismo humano es una bella y rara complejidad. Diferentes disciplinas acumulan siglos de esfuerzo para arrojar luces a su comprensión.
Nuestra participación en la realidad a través de esa bella y rara complejidad da cuenta de su resistencia y fragilidad. Resistencia ante cambios, privaciones, preocupaciones, dolores… Fragilidad a infecciones, abusos, soledades, amores… Exponernos a la alteridad, convivir con quienes nos rodean, de la manera como nos rodean, construir y potenciar la comunicación entre organismos, rebasar los límites de la corporalidad -lo uno- para formar parte de una corporalidad mayor -lo mucho o el todo- da cuenta de que el organismo humano para llegar a este minuto ha necesitado empatía, solidaridad y muchísimo cuidado colectivo.
Empezamos con esta sucinta reflexión para invocar la urgencia de hacer consciente en tiempos de guerra y violencias múltiples que prescindir de una vida resta no uno sino mucho a la vida de todos y todas. El 2026 lastimosamente ha comenzado restando. Restando cientos de vidas asesinadas por soñar un mundo mejor, por tener ideales, por defender la soberanía frente al imperialismo. Restando cientos de vidas asesinadas por dejar de ser sumisas y decir basta al maltrato. Cientos de vidas asesinadas simplemente por estar presentes en el momento en que la violencia patriarcal estalla y es imparable. Restando miles de vidas heridas, física y psíquicamente, por la precariedad, por utilizar como arma de guerra el hambre y la escasez. Miles de vidas heridas y diezmadas por el capitalismo y su cultura macabra. Ante el maremoto de oscuridad que ha encapotado la vida ¿qué hacer? ¿Cómo encontrar abrigo ante tanta impunidad? ¿Cómo revertir la caída hacía el precipicio de nuestra compleja y frágil especie? ¿Pudiéramos encontrar inspiración en la lucha de las mujeres?
Durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas (Copenhague, 1910), dirigida por Clara Zetkin, se propone establecer un Día Internacional de la Mujer, pero no de la mujer a secas, sino de la Mujer Trabajadora, vinculando las opresiones de género y clase, y encarnando siglos de lucha.
Siete años después, el 8 de marzo de 1917 las mujeres textiles de Petrogrado inician una huelga al grito de Pan y Paz, para detener la I Guerra Mundial y el hambre. Y aquello que dijera Nadia Krúpskaya de que "lo que une a las mujeres trabajadoras con los hombres trabajadores es más fuerte que lo que las divide…”, hizo que dos días después se sumaran a la huelga cincuenta mil trabajadores. Juntas y juntos harían colapsar el sistema zarista para culminar en la Revolución.
En 1922 la Unión Soviética, por iniciativa de Alexandra Kollontai, declara festividad oficial el 8 de marzo. Esa fecha se regó en otros países como el Día de la Mujer Trabajadora. Fue tanta su influencia que en 1975 la ONU tendría que declararla Día Internacional de la Mujer. Por el camino se quedó lo de trabajadora, ocultando sus raíces comunistas. Un descuido que facilita el secuestro del día a favor de un feminismo burgués, e impide la comprensión de su enraizamiento con las resistencias populares profundamente humanistas y antiimperialistas. Y cuando la superficialidad va conquistando espacios, la empatía, solidaridad y cuidado colectivo del que es capaz esta bella y rara complejidad que somos zozobra, haciéndonos olvidar que los dolores del mundo son nuestros y que es imposible estar en paz consigo cuando el mundo está en guerra.
Desde Puente Madera reivindicamos las raíces del 8M, regadas con vidas trabajadoras, fertilizadas con pan y paz en un momento en que estas dos cosas están duramente golpeadas por lo que se comienza a denominar III Guerra Mundial. Llamamos a acompañar este Día Internacional e Internacionalista enraizándonos con ese horizonte desencapotado de paz y justicia social con el que llevamos soñando toda la eternidad.
Toca involucrarse hasta la médula. Juntos y juntas. Construir un ‘juntas y juntos’ requiere una enorme labor pedagógica que inunde calles y mercados, hogares y escuelas, que vaya del campo al mar y del mar a la montaña contagiando la pasión y la necesidad de hacer de este mundo un lugar mejor donde se sumen las vidas y no resten más que las muertes naturales o por enfermedades incurables. Recuperar la empatía, la solidaridad y el cuidado colectivo pasa por recordar que nuestros antepasados, los primeros homo sapiens, a diferencia del resto de los organismos no abandonaron a quien se fracturó un hueso, decidiendo detenerse, acompañar y esperar que se curase para volver a caminar. Sí, caminar, juntos y juntas.
En Albacete salimos a marchar a las 12:00 desde la plaza Gabriel Lodares y llegaremos a la plaza del Altozano. Esperamos sea solo el comienzo de un año de luchas y esperanzas y no de más bombas y más muerte.



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