Queridos manchegos y manchegas quién nos iba a decir que vivir en un lugar de La Mancha nos permitiría hoy parafrasear a René Magritte y decir, nada más y nada menos, que esto no es una guerra. ¡Cómo! No negaremos cierta locura quijotesca, pero sí, lo han oído bien, lo que vemos por las redes y medios, esa guerra en imágenes, llena de sonidos, testimonios, declaraciones… no es la guerra aunque pueda parecerlo.
Cuando el pintor surrealista presentara su icónico cuadro con la imagen de una rigurosa pipa donde podía leerse en francés “Ceci n'est pas une pipe”, “esto no es una pipa”, generó una reflexión lingüística, filosófica y artística sobre la relación del objeto y su representación. Y de la misma manera que su obra ayudó a suscitar un extrañamiento que permitiera desenredar las sinuosidades existentes entre la percepción y la realidad, esperamos que nuestro atrevimiento genere preguntas. Ahí les dejamos el cuadro completo, imagen, realidad y autoría. Empecemos por la imagen.
En este lugar del mundo no caen bombas, no tenemos que salir huyendo aterrados por las circunstancias dejando atrás nuestros hogares. Aquí no enfrentamos la hambruna inducida, ni el desabastecimiento de medicinas, no nos exponemos a un futuro donde todos lo han perdido todo, no somos objetivo militar ni político por ser quienes somos. En este lugar del mundo somos españoles ¿o era cristianos? En este lugar del mundo nuestros hijos e hijas tienen esperanza, juegan, celebran, van al colegio. Tenemos la seguridad de que no serán ejecutados mañana por ninguna ley sionista que legalice su ahorcamiento, sabemos que no serán mutiladas, ni torturados, y que la violencia sexual es perseguida y condenada (ojalá cada día mejor). En este lugar del mundo somos Europa ¿o era Estados Unidos?
La actual situación belicista a la que el imperialismo norteamericano ha expuesto al mundo, fuera de las distintas fronteras donde tiene lugar, se vive como si se contemplase un cuadro. Lo que representa podrá sernos desagradable, doloroso, injusto, despertará nuestras lágrimas, nuestra rabia… pero lo cierto es que lo sentimos y racionalizamos con una distancia de al menos las millas que nos separan de la guerra misma. Y desde Albacete, piénsenlo, la guerra se siente lejos, aún a pesar de los aviones de combate que diariamente sobrevuelan nuestros cielos por ser la Base Aérea de los Llanos sede de la Escuela de Pilotos de la OTAN (TLP o Programa de Liderazgo Táctico). En este lugar de La Mancha donde un día no tan lejano también cayeron bombas -para mayor información pueden visitar el refugio antiaéreo del Altozano- una pipa no es una pipa ¿o era una guerra no es una guerra?
Sin embargo, si consiguiéramos traer de vuelta el pensamiento crítico obligado por la sociedad del social conformismo a tomarse unas largas vacaciones, quién sabe si por los hermosos cerros de Úbeda, podríamos detenernos a analizar la traición de las imágenes y reparar en el hecho de que toda representación -ya sea pipa o guerra- responde a una realidad. Una realidad que, aún lejana -dado el carácter global del mundo que nos ha tocado contemplar-, nos afecta y transforma. Continuemos pues con algunas pinceladas de la otra cara del cuadro, la realidad.
Desde este lugar del mundo nuestros juicios, opiniones, certezas y actos están afectados por una narrativa mediática que constantemente justifica al opresor y esconde sus atrocidades. Somos víctimas de la manipulación y el engaño de sus relatorías, de la corrosión de un carácter que no encuentra razones profundas para cuidarse entre sí, del antihumanismo. Y para mayores tristezas formamos parte de un propósito ideológico que alimenta el quiebre y la polarización social ¿o era de clase? Desde este lugar del mundo se desvía el dinero público, que recordémoslo es nuestro tiempo de trabajo, para financiar el gasto militar de los opresores, personas como Trump y Netanyaju, que requieren la fabricación y el uso de un armamento que destroza y contamina la naturaleza y al ser humano. Esto afecta a nuestra salud -física y psíquica-, educación, derecho a la vivienda y al trabajo digno ¿o era autoexplotado?
Cuando los opresores se apropian de las materias primas -de los colores que pintan el cuadro- crece el dolor en el mundo, aumenta el coste de alimentos, suministros, transporte… las cosas, simplemente, se distancian de la capacidad humana de alcanzarlas. Cuando se apropian de la esperanza, de la vida, de la paz, las convierten en un guiñapo ¿o era una representación? Y entonces y solo entonces, cuando ha inoculado en el mundo que son tiempos de oscuridad, y conseguido universalizar la incapacidad de discernir la guerra de la guerra-guerra, el artífice del cuadro garabatea su rúbrica: amanece que no es poco ¿o era guerra?
