viernes, 9 de octubre de 2026

LA ESPERANZA DEL PUEBLO VA EN BICICLETA

Pues sí, la esperanza del pueblo va en bicicleta. El destino lo tiene claro: la democracia, la justicia, la igualdad, la libertad, la inclusión, los derechos humanos (incluyendo el derecho a la vivienda), los servicios públicos (la educación pública, la sanidad pública, la atención a la población más vulnerable), la protección del medio ambiente, la memoria histórica, la paz, la cultura, la fraternidad, la sororidad…

La bicicleta de la esperanza del pueblo tiene dos ruedas. Una rueda es el activismo y los movimientos sociales. Son imprescindibles para avanzar en el camino. En ellos se debate, se analiza, se conversa y se hacen propuestas. Y lo que es más importante: la gente se conoce, interactúa, trabaja en red y teje nuevas realidades. Siempre hay problemas, lo sabemos. Experimentan fluctuaciones. Aparecen y desaparecen. Se desgastan. Todos los colectivos humanos experimentan conflictos. Pero constituyen la conciencia de la sociedad y la fuerza motriz que impulsa los cambios. Por eso estamos francamente contentos de que, por ejemplo, se hayan creado, hace unos días, la Plataforma Albacete por el Derecho a la Vivienda y la Plataforma por el Derecho a la Vivienda de Castilla-La Mancha. Y por eso celebramos que plazas de toda España sigan ocupadas por personas de todas las edades que se rebelan contra el capitalismo depredador que nos quieren imponer como si no hubiese alternativa.

La bicicleta de la esperanza del pueblo necesita otra rueda para funcionar. Esa rueda está compuesta por los y las representantes políticos que, en el seno de las administraciones públicas (ayuntamientos, diputaciones, parlamentos regionales, Congreso…), defienden los valores arriba mencionados. A ellas y ellos se deben las iniciativas legislativas (mociones, ordenanzas, decretos, leyes…) que, al menos en ciertas ocasiones, permiten materializar las aspiraciones y las demandas de los movimientos sociales. También las organizaciones políticas tienen pegas, por supuesto. A veces se instalan en las instituciones y se distancian de la calle. A veces pierden demasiado tiempo en estériles debates internos. A veces el tribalismo les conduce a una fragmentación autodestructiva y contraria a los intereses que dicen defender. A veces surgen personalismos que arrasan con todo, o con casi todo… Es decir, aquí nadie es perfecto, y si alguien se cree perfecto, que levante la mano y haga el ridículo. Pero estas organizaciones (de izquierdas, progresistas o como se les quiera llamar) son necesarias porque, claro, si en las plazas se reivindican los contratos de alquiler indefinidos, pero en el parlamento las derechas tienen mayoría y votan en contra, la bicicleta de la esperanza del pueblo se frena en seco y vuelca. Y las Maricármenes de todo el mundo lloran desde el cielo o desde la tierra.

De manera que, para que las dos ruedas rueden, no queda más remedio que engrasar los engranajes de la bicicleta de la esperanza del pueblo. ¿Cómo? Pues, por ejemplo, mejorando la comunicación entre los movimientos sociales y las organizaciones políticas. Sentándose a hablar, tomando nota, adquiriendo compromisos… ¿Cómo? Favoreciendo que los y las activistas estén presentes en las asambleas y listas electorales de los partidos o coaliciones de izquierdas. Nos consta que en muchas ocasiones ya es así porque las personas comprometidas participan en diversas causas justas, no en una sola. ¿Cómo? Impidiendo que los representantes políticos se perpetúen en los cargos mediante la limitación de mandatos y mediante la posibilidad periódica de revocarlos. ¿Cómo? Renunciando al sectarismo y a los personalismos. ¿Y cómo? Jo, pues yendo a votar. El voto es la cadena que une los piñones y el plato de la bicicleta de la esperanza del pueblo.

Por el contrario, la esperanza de las oligarquías, de los amos del mundo, de los ricachones de toda la vida, de quienes aceptan la desigualdad como algo natural, de quienes niegan los derechos humanos a los más pobres, de quienes quieren privatizar los servicios públicos, de quienes no dudan en destruir el planeta a cambio de obtener un beneficio económico, de quienes fomentan las guerras, de quienes siembran el odio (el racismo, la xenofobia, la LGTBIQ+fobia)… no va en bicicleta. Va en carroza, o en limusina, o en yate, como esos que fueron a reconquistar Ceuta botellín en mano. Son vehículos superlujosos, es cierto. Pero, como diría nuestro paisano José Mota, “no hagas cuentas”: no hay sitio para ti en ellos.


@CPuenteMadera


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