Arde España, y no como figuradamente nos gustaría con oleadas de movimientos sociales reclamando mejoras sociales, una mejor sanidad y educación públicas, el fin del genocidio en Gaza, dimisiones y responsabilidades de todo aquel que desde un cargo público haya cometido un fraude o ilegalidad… No, España arde, y arde de verdad.
El monte, los bosques, la tierra se nos está quemando y si se quema, no nos queda nada. En las últimas semanas hemos visto como el fuego arrasa con bosques y casas de media Península, Galicia, Castilla y León, Extremadura y Madrid son las comunidades más afectadas, aunque también en Castilla-La Mancha hemos sufrido algunos focos, por suerte sin tan graves consecuencias.
Algunos pensarán, bueno, incendios como cada verano, a nosotros esa afirmación nos parece falaz, simplista y no del todo cierta. Si cada verano las condiciones climáticas suelen provocar incendios en nuestro país, el problema es cuando esos incendios, como en el caso actual, no pueden controlarse por la escasez de medios materiales y, sobre todo, humanos, o cuando son provocados por intereses económicos.
Hace algo más de 20 años, la Ley de Montes prohibió la recalificación de uso de los terrenos calcinados, y miren ustedes, qué casualidad que los incendios disminuyeron sorpresivamente, no se nos ocurre por qué motivo. Hace 10 años, el PP modificó esta ley, permitiendo esos cambios si pueden justificarse por “razones de interés general”, los incendios no aumentaron, sin embargo, la superficie quemada sí es decir, tenemos los mismos incendios, pero estos son más destructivos y más difíciles de controlar.
El verano del 2025 pasará a nuestra memoria como uno de los peores años para nuestro patrimonio natural, como un auténtico desastre. Pero nosotros nos preguntamos: ¿podría haberse evitado?
Evidentemente lo más difícil de controlar son las condiciones climáticas, el aumento de las temperaturas, las tormentas secas y las sequías, crean el campo de cultivo perfecto para los incendios forestales.
¿Este es el origen de los incendios que aun queman nuestros campos? No, el 90% está confirmado como de origen humano, incluso intencionados, producidos por pirómanos, más de la mitad del terreno arrasado lo ha sido por incendios provocados deliberadamente, como el caso del incendio en Extremadura, producido por razones cinegéticas. Está claro que hay personas para las que es más importante su fin de semana de caza que la vida de los vecinos y el medio ambiente.
Hasta aquí podemos decir que son motivos difícilmente previsibles y que salvo los desalmados que encienden la mecha, nadie puede ser responsable. La realidad es que las políticas matan y en este caso, queman.
La mala gestión de los paisajes, que llevan al abandono rural, convierten nuestros campos secos en combustible perfecto. La casi desaparición de los rebaños de ovejas, cabras y vacas que pacían hace unos años, nos dejan sin un agente perfecto para la prevención de incendios, que, de manera natural, creaban corredores que hacían las veces de cortafuegos. Ahí entra la política, o debe entrar. Si por diversas cuestiones desaparecen esos cortafuegos, es responsabilidad de los gobiernos suplirlos, hacer cortafuegos eficientes, mantener el monte en las condiciones adecuadas, llevando a cabo las labores adecuadas de mantenimiento. Es absolutamente necesaria la reducción de combustible vegetal, la realización de desbroces selectivos, la recuperación de usos agrarios, etc. Es decir, desarrollar una buena gestión con una planificación del ecosistema con un plan de prevención de incendios y de conservación del medio natural.
Queremos hacer una llamada, necesitamos una buena gestión del ecosistema, necesitamos el compromiso de los políticos de defender los espacios naturales de nuestro territorio, necesitamos políticas que aseguren los medios económicos y humanos necesarios para prevenir estas situaciones, pero no hablamos de contratos estivales, en dudosas condiciones laborales, sino de cuadrillas estables, con condiciones laborales adecuadas que puedan realmente realizar las necesarias acciones para evitar los incendios.
Está claro que hay desalmados que producen los incendios, pero por suerte, también hay personas maravillosas, héroes que se juegan sus vidas para salvar la del medio natural.
Bomberos forestales, agentes medioambientales, miembros de la UME, a todos ellos queremos agradecer sus esfuerzos, su trabajo incansable y de eso en Castilla-La Mancha sabemos mucho. Nos gustaría recordar a los 9 bomberos forestales y 2 agentes medioambientales que perdieron la vida combatiendo el incendio forestal del Riba de Saelices hace justo 20 años. A sus familias y a las familias de los fallecidos combatiendo los incendios de este verano, queremos enviar nuestras condolencias con una última demanda, necesitamos políticas eficientes para que estos sean los últimos fallecidos luchando contra el fuego.
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