sábado, 19 de febrero de 2022

GUERRA EN ÉPOCA DE LAS REDES SOCIALES

Se oyen tambores de guerra en la frontera europea, se cruzan amenazas veladas entre los representantes rusos, estadounidenses y europeos, pero la ciudadanía parece totalmente ajena, prefiere estar pendiente de donde está o deja de estar la sobrina de la Pantoja o de unos papeles que la Jurado se dejó en un cajón.

En las últimas semanas hemos visto cómo ha ido transformándose el lenguaje en los medios de comunicación, cómo se pasaba de hablar de un conflicto en Ucrania, a hablar abiertamente de guerra, de soldados y armamento nuclear como quién hace la lista de la compra, hemos sido testigos de las idas y venidas de representantes europeos, rusos, chinos, ucranianos, que se han reunido casi cada día. Sin embargo, la indiferencia de la sociedad se hace patente en las redes sociales, las tendencias de estos días en las grandes plataformas se centran en realities de televisión y noticias deportivas.

La gente se mantiene impasible ante la posibilidad de una guerra a las puertas de Europa, un enfrentamiento que tendría consecuencias directas en nuestro día a día, que supondría un desastre a nivel humanitario y económico sin precedentes, pero a la gente parece importarle más, qué canción nos representa en cierto concurso musical.

¿Cómo puede afrontar la amenaza de guerra una Europa que no recuerda el significado de la propia palabra? ¿Cómo pueden entender que significa GUERRA quienes no tienen siquiera recuerdo heredado de ella? Hablamos mucho de la necesidad de la memoria, del recordar para no repetir, pero parece que se nos va olvidando, los recuerdos se van perdiendo como en una rueda de desmemoria que pasa de generación en generación, degenerando los recuerdos comunes de las sociedades modernas.

Nuestros abuelos sufrieron en sus carnes las guerras, primero la española, después la segunda guerra mundial, supieron que significaba la palabra en su más horrible esplendor. Una vez pasado el horror, vivieron para recordarlo, sus hijos crecimos con ese recuerdo, mientras nos enseñaban qué significaba la palabra libertad. Tuvimos la responsabilidad de transmitirlo a nuestra propia descendencia, hijos y nietas que debían conocer para no repetir, sin embargo habían nacido en un mundo totalmente distinto, donde la palabra guerra sólo significaba videojuegos o tirarse globos de agua en verano y donde la Libertad es un derecho y no un privilegio.

Libertad, tan maltratada en los últimos tiempos, aquello que un día fue el derecho a expresar las propias ideas, el derecho de mujeres y hombres a ser iguales, independientemente de su origen, color de piel, religión o ideales, Libertad, aquella que nos trajo la democracia, por aquella por la que a lo largo de los tiempos murieron tantos hombres y mujeres y que hoy se ha convertido en el “derecho” a tomarte una cerveza en plena pandemia mundial.

¿Fracasamos? Para nada, es la rueda de la memoria-desmemoria que sigue girando, no se puede explicar el horror a quien nunca lo ha visto, igual que no se puede explicar la realidad a quien vive en la caverna.

No queremos que cunda la histeria, no se trata de eso, echamos de menos la implicación de la sociedad, todavía parece resonar en algunas calles el “No a la guerra” por la invasión de Irak, y aún recordamos cuando en 1991 la guerra del Golfo nos llevó a casi vaciar las estanterías de los supermercados ¿Por qué ahora es distinto?¿Por qué ahora parece no ir con nosotros?¿Qué ha cambiado?. Es la población, la sociedad la que ha cambiado, somos los mismos pero somos diferentes, nuestra sociedad se ha vuelto frívola y superficial, y se ha encerrado en una burbuja compuesta a base de algoritmos que permiten crear miles de mundos paralelos a la medida de nuestros gustos.

Vivimos en un mundo compuesto de diversas realidades, tantas como personas, cada una creada a nuestra imagen y semejanza dentro de las redes sociales, donde todo es belleza y perfección. En 1991, todos vivíamos la misma realidad y eso hizo que las noticias llegasen a la gente, en 2003, todavía vivíamos en la misma realidad y salimos a la calle bajo una sola voz, hoy cada quien cierra los ojos a la realidad perdiéndose en su propio mundo feliz, ¡si Huxley levantase la cabeza!.

Hoy es la guerra en Ucrania, mañana será otra amenaza, pero cada vez estaremos más lejos, más alejados, más individualizados, mucho más si el desarrollo tecnológico continúa por ese camino que ya llaman Metaverso, si las grandes multinacionales continúan ese desarrollo en el que ya han encontrado beneficios a costa de nuestra sociedad.

Mientras seguimos viviendo a través de una pantalla una realidad creada a nuestro gusto, allá afuera seguirá habiendo guerras, seguirá habiendo injusticias, seguirá saliendo el sol, pero cada vez seremos menos conscientes de ello, cada vez nos importará un poco menos, cada vez estaremos un poco más lejos.

@CPuenteMadera

 

domingo, 6 de febrero de 2022

Cosas del ADN


El paso por el Congreso de los Diputados para su aprobación de la Ley de la Reforma Laboral, ha puesto en evidencia cuál es el ADN de los políticos y de las formas de hacer política en este país. No entraremos en el archisabido proceso muy conocido a estas alturas, pero sí en lo que le rodea. Vaya por delante que la Ley se nos antoja corta, muy corta, "pero bueno es lo que hay" cuando se tienen los votos que se tienen: Anguita solía contar como anécdota que era muchísima la gente que le decía por la calle “¡dales caña, defiende nuestros derechos!” y al ser tanta, él les contestaba “pero… ¿tú a quien votas, porque…?” Y es así, buena parte de la gente que se queja de sus derechos laborales, vota y apoya a quienes se los recorta. En fin, la cosa es que se presentaba una ley Laboral consensuada con sindicatos y patronal, algo impensable hasta hace cuatro días. La ministra Yolanda Díaz, siguiendo el dictamen de su ADN se puso a trabajar a trabajar y a trabajar, y pudo partir en las negociaciones con nada más y nada menos que una ley que recupera derechos perdidos para los trabajadores y trabajadoras y respaldada por ambas y antagónicas partes del ámbito del trabajo.

Entonces, ¿qué iban a decir los políticos de los otros grupos? Pues que les importa tres pepinos si los trabajadores rescatan derechos y lo que piensen las partes interesadas, que dijera lo que dijera aquella Ley, se dedicarían a enredar y a lo que les dicta su ADN: mentir y falsear como venían demostrando, por ejemplo, con el tema de las macrogranjas o como están haciendo actualmente, que prefieren dejar perder fondos de Bruselas, importantísimos para España, antes que reconocer una buena gestión del gobierno de coalición en Europa.

Y así, mientras unos se devanaban los sesos por mejorar la calidad del empleo y llegar a acuerdos sobre ello, los de siempre se pusieron a buscar corruptos y tránsfugas que pervirtiesen todo ello. No les resultó difícil de hallar. Dos tipos que ahora dicen que “se debían a su público” olvidan que por su nombre no hubieran sacado ni dos votos, y que el público a quien votó fue a las conocidas siglas navarras, y ahora quedan a la espera de su recompensa. Es sin duda uno de los actos más despreciables del mundo de la política, pero es ADN de la derecha.

Con respecto a Abascal, ya se lo ha dicho un diputado, su ADN es claro: ¿se hablaba de derechos y de trabajo? ¡pues no se va! El señor apareció por el Congreso ya finalizando el debate más allá de las 12,00 hrs. Y también apareció por allí corriendo, como un nuevo Lázaro, el que se equivocó al votar desde casa porque estaba enfermo. Nada sana más que cagarla y tener que cumplir con el partido.

También digna de comentar la postura de quienes se hacen llamar Esquerra. Cada cual a lo suyo, y ellos aquella máxima de ayuntamiento franquista de “¿y de lo mío qué?” se lo tienen muy bien aprendido. Poco o nada les importa un currela de Calatayud mientras ande cerca un señorito de la burguesía catalana. No lo pueden evitar, es su ADN.

¿Y ahora? Pues cada cual a su ADN, unas y unos seguirán trabajando, y los de siempre a mentir, a hacer como que no se dan cuenta de la claridad de la normativa sobre las votaciones, a hacer querer ver que la torpeza de su diputado o la corrupción de unos tránsfugas (valga la redundancia) deben primar sobre lo legítimo. A lo suyo, vamos.



@CPuenteMadera


jueves, 20 de enero de 2022

¿ETIQUETA VERDE?


Cuando empezó a fraguarse la actual Unión Europea, ya advertimos de lo que podría ocurrir: que se construyera una Europa para y por los mercaderes, aparcando y olvidando la creación de una entidad política social y de los pueblos. El tiempo nos ha dado la razón, las instituciones europeas, en multitud de sus decisiones avanzan hacia un modelo mercantilista y de negocio lucrativo de unos pocos.

Lo último de lo último es la propuesta de la Comisión Europea que quiere que la energía nuclear sea considerada como “una energía verde”, al menos hasta 2045. La propuesta para que salga adelante tendrá que ser aprobada en el Europarlamento y en el Consejo Europeo, y el proceso se prevé complicado. La “intención” es descarbonizar la producción energética y cumplir el compromiso europeo de reducir un 55% las emisiones de gases con efecto invernadero en 2030 respecto a los niveles de 1990. El objetivo final es reducir a cero las emisiones en 2050, fijado en el Pacto Verde de la UE. Pero no somos ilusos, pues con esta propuesta, la CE pretende que la industria nuclear reciba una financiación que de otra manera no lo conseguiría.

Se quiere presentar a la energía nuclear como "limpia" y que no emite CO2 y, por tanto, puede ser una solución al cambio climático. Pero al afirmar esto se miente de forma deliberada y se evita decir que, considerando todas las fases del ciclo nuclear, que son la minería del uranio, la fabricación y el enriquecimiento del combustible nuclear, la construcción de las centrales, la gestión de los residuos radiactivos, etcétera, la nuclear emite más CO2 que cualquiera de las energías renovables.

Tampoco podemos obviar que la consideración de la energía nuclear como “energía verde” parece olvidar, por un lado, los riesgos intrínsecos a esta fuente de energía, con los desastres de Chernobyl en 1986 y Fukushima en 2011 en el recuerdo, además de la necesaria gestión de los residuos nucleares, peligrosas sustancias que mantienen su letal radiactividad durante milenios.

Según un reciente informe, World Nuclear Industry Status Report, las nuevas plantas eólicas y solares compitieron con las nucleares y demostraron ser eficientes en términos de costes. El coste de generación de energía solar oscila entre los 36 y los 44 dólares por MW/h, el de la eólica terrestre entre 29 y 56 dólares por MW/h y el de la energía nuclear asciende a entre 112 y 189 dólares por MW/h. España mantiene aún cinco plantas y siete reactores nucleares, que producen, según el informe de Red Eléctrica para el cierre de 2021, el 20,6% de la energía nacional frente al 46,6% de las renovables. Luego, ¿por qué se apuesta por la energía nuclear?

Lo que se esconde tras la energía nuclear no es más que un modelo energético especulativo que pretende, con dinero público, enriquecer indiscriminadamente a las empresas eléctricas y a la gran banca, propietaria de ellas y de las grandes constructoras, futuras adjudicatarias de las obras de las nuevas centrales. Si se cataloga a la energía nuclear como verde, se va a detraer inversiones de lo que realmente importa: las renovables.

Si una actividad es calificada en Europa como sostenible podrá acceder a la financiación de los fondos verdes comunitarios y a los préstamos del Banco Europeo de Inversiones, y a las ventajas legales y fiscales asociadas. Si no es sostenible, tendrá que acudir a los mercados financieros con un coste mucho mayor. Y es que el negocio energético no lo sería sin las ayudas públicas.

La sola iniciativa privada nunca hubiese construido una nuclear, necesita dinero de las arcas públicas, mucho dinero. Por eso la pretensión, una vez más, de utilizar fondos europeos que deben ir dirigidos al sector de las renovables para rehabilitar las nucleares, empezando por las francesas, principales impulsores de la etiqueta verde, junto a los grandes “lobbies” del sector.

La energía nuclear es incompatible con un modelo energético sostenible: no es económicamente eficiente, ni socialmente justa, ni medioambientalmente aceptable. Apoyamos las declaraciones del doctor Mario Ortega, que afirma que considerar la energía nuclear como verde es anticientífico, antiecológico y antidemocrático.

Tengamos presente que la energía nuclear no produce riqueza colectiva, produce sólo beneficio empresarial. El territorio que la acoge es, simplemente, un contenedor de riesgos. Por tanto toca movilizarse para detener esta propuesta irracional, que nada tiene de “verde”, que va en contra de la Europa social, sostenible, de los pueblos y de las personas.

¿Energía Nuclear? No, gracias.



@CPuenteMadera



viernes, 7 de enero de 2022

CARTA DE PABLO CASADO A LOS REYES MAGOS

 

Queridos Reyes Magos:

Perdonad que no os haya escrito antes, pero es que el gobierno socialcomunistafiloetarrabolivariano, que nos odia muchísimo a mí y a España, me envió un coronavirus para asesinarme y he estado un poco malito. Pero no os preocupéis, majestades: ni Herodes pudo con el Niño Jesús, ni Pedro Sánchez podrá conmigo.

Bueno, a lo que íbamos. Este año me he portado muy bien. Se me ha escapado alguna palabrota, como el “coño” del otro día en el Congreso, y he soltado alguna mentirijilla, pero todo ha sido por el bien de España (notaréis que digo mucho esta palabra, pero es la manera que tenemos los patriotas de disimular nuestros pecadillos, jeje…). No hace falta que me traigáis más títulos universitarios ni más másteres. Tampoco os molestéis en traerme el libro de Cayetana. Es una resentida peor que Judas. Me conformo con que me dejéis lo siguiente junto a mis zapatitos:

  • Una bandera gigante de España, la más grande que haya. Si con ella puedo cubrir la sede entera de Génova, mejor.

  • Una goma mágica para borrar los casos de corrupción de mi partido. No os imagináis qué brasa me pegan con ese tema, que en el fondo es cosa del pasado. Yo no había nacido cuando ocurrió todo eso de la Gürtel, la Kitchen… y demás zarandajas.

  • Un pegamento fuerte para echarlo en el límite de Cataluña y el País Vasco y garantizar así la unidad de España. No sé cómo nadie lo había pensado antes.

  • Un disfraz de Hernán Cortés, porque, después de que haya ganado Boric en Chile, igual los españoles tenemos que llevar otra vez la civilización a esos salvajes americanos.

  • Una reproducción exacta del brazo incorrupto de Santa Teresa. Es para llevárselo al papa Francisco, a ver si se convierte a la fe verdadera. Por si no lo sabíais, se ha vuelto judío y masón, que diga, comunista y etarra, y eso no podemos consentirlo en España. Por mucho que les pique a esos rojos quemaiglesias, nuestra patria sigue siendo “la ·reserva espiritual de Occidente”.

  • Un detector de misas franquistas que pite y encienda una alarma cuando pase a una ceremonia religiosa en homenaje al Caudillo. Hace poco me colé sin darme cuenta en uno de esos actos y luego me pusieron verde. Se conoce que los 20N se me nubla la vista y se me taponan los oídos.

  • Una máquina de última generación de fabricar bulos, porque con las actuales no damos abasto y tenemos en perspectiva al menos dos elecciones autonómicas.

Y para mí con estos sencillos regalos es suficiente. Ya veis con qué poco me conformo. Sin embargo, para España me gustaría pediros algo más. No sé si es exactamente de vuestra competencia, o si eso lo lleva otro departamento celestial, pero… si pudieseis bloquear una temporadita los 10.000 millones de los fondos europeos de recuperación, os estaría infinitamente agradecido. Yo y mi partido estamos haciendo todo lo posible para evitar que lleguen, me he recorrido media Europa echando pestes de España (que diga, del gobierno socialcomunistafiloetarrabolivariano), pero no hay tutía. Y ya que os ponéis, ¿no podríais empeorar un poquito las cifras del paro? Dijimos que la subida del salario mínimo interprofesional sería una debacle para el empleo y ahora no sabemos dónde meternos. ¿Por qué no lo intentáis, al menos? Os lo pido porque no pido para mí (“el mío beneficio”, que diría M. Rajoy), sino, una vez más, por el bien de España. Nosotros todo lo hacemos por el bien de España.

En fin, me despido. Saludadme a la vuelta a vuestro colega Juan Carlos. Decidle que yo y mi partido lo admiramos y lo comprendemos perfectamente. Por favor, no le digáis a Santi (el de las chaquetas “empestiñás”) que he hablado con vosotros. No le gustan nada los extranjeros.

Hala, un besito. Buen viaje.

Ay, ¡y se me olvidaba! Aprovechando que sois especialistas en juguetes: ¿podríais quitarle las pilas a Isabel Díaz Ayuso? Porque Isabel Díaz Ayuso va con pilas, ¿no?



@CPuenteMadera


domingo, 26 de diciembre de 2021

CHILE DESPERTÓ


Escribimos estas letras con la voz de Victor Jara sonando en nuestros oídos, símbolo de la lucha por la libertad, contra la dictadura ultraderechista de Pinochet. Parece historia de otra época y sin embargo nos paramos a pensar en las últimas elecciones chilenas y pensamos que son el resultado de la lucha de toda una generación que nació a finales de esa larga dictadura, ese negrito que dormía mientras su mama estaba en el campo, que accedió a la educación superior endeudándose, una generación que nació bajo el yugo de la derecha más rancia y que hoy se sabe más libre que la generación de sus padres, pero que no se conforma con eso.

Esta generación de nuevos políticos forjados en las revueltas estudiantiles que azotaron Chile en los últimos años, esa generación endeudada por los préstamos de acceso a la educación superior que ve como sus padres no llegan a alcanzar nunca la jubilación por un sistema de pensiones totalmente privatizado, controlado por las Administradoras de Fondos de Pensiones.

Chile, el Chile de hoy, resultado de un experimento neoliberal, llega a las nuevas elecciones con una sociedad totalmente polarizada, una sociedad donde la clase media ha prácticamente desaparecido. Un país donde educación, sanidad, pensiones y hasta el agua – en la Constitución de 1980 el agua era un derecho privado- son bienes en manos de empresas privadas, que endeudan a familias en una sociedad con un Estado mínimo y ausente.

Estos son los retos a los que ahora, que por fin se vuelven a abrir las grandes alamedas, tendrá que enfrentarse Gabriel Boric, no será fácil, debe afrontar primero la reforma constitucional ya en marcha, la primera en democracia y que gracias a la mayoría de izquierdas quizá pueda profundizar en las reformas que el país necesita. No será fácil, tendrá en frente a los grandes lobbies que no van a querer perder ni uno solo de sus privilegios, de sus beneficios.

Lo que sí es seguro, es la tremenda ilusión que Boric ha despertado en gran parte del electorado, ese que necesita las reformas y que ha creído en sus promesas, que cree que un cambio en las políticas sociales y económicas del país es posible. El ya presidente electo dijo tras depositar su voto que llegaba con las manos limpias, el corazón caliente y las manos frías, esperemos que cuando se vaya pueda decir que sigue con las manos limpias, y que ese corazón y esas manos le llevaron a transformar un país de profundas desigualdades en un país próspero donde la equidad y la justicia social dominen, que pueda decir orgulloso, que llevó a la práctica la voz de la mayoría, la voz del pueblo trabajador.

Queremos augurarle lo mejor en la legislatura que comienza, porque deseando esto, estamos deseando para Chile y los chilenos un cambio social profundo, las reformas que merece un pueblo donde fueron miles y miles los que entregaron su sangre, y en caudales generosos multiplicaron los panes, ahora les toca vivir junto a hijos y hermanos la primavera que entre todos construyeron a diario.


@CPuenteMadera



lunes, 13 de diciembre de 2021

UNOS DERECHOS MUY TORCIDOS


Nunca hemos sido de los que se sienten felices cuando les dan cuatro palos porque saben que al vecino le han dado diez. No tiene sentido. No queremos que le den palos a nadie. Con el asunto de los Derechos Humanos pareciera que esa sea la ley imperante: todo estupendo porque hay otros que están peor. Bueno, pues muy mal porque otros estén peor, y muy mal si nosotros no estamos todo lo bien que pudiéramos.

Una democracia, no se instaura ni consigue de la noche a la mañana; una democracia se construye, se mejora día a día. Acabada la dictadura de Franco, los pasos para adentrarnos en la democracia sabían a gloria, pero con el paso del tiempo, estamos obligados a seguir avanzando, a seguir mejorando, a seguir el camino para conseguir una democracia completa. Y no la habrá mientras no logremos que se cumplan de lleno los Derechos Humanos.

El pasado día 10 de diciembre, se celebraba el Día de los Derechos Humanos (día en que, en 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos), y claro, la revisión y reflexión sobre ellos es obligada, en el mundo en general, pero por supuesto también en nuestro país. Y ahí vemos que aún nos falta mucho por mejorar en esta democracia, pero mucho.

Señal de alarma es el creciente aumento de la intolerancia, del racismo y la xenofobia, por poner unos ejemplos que con demasiada frecuencia acaban en violencia de cualquier índole: los delitos de odio se suceden a diario. Muy mala cosa para la democracia de un país.

La Declaración de Derechos Humanos es inequívoca en cuanto a la igualdad y equidad entre géneros, pero la brecha salarial parece que no pudiéramos sacudirla y quitárnosla de en medio, y lo que es peor, en muchos segmentos de la sociedad se da por normalizada o cuando menos por inevitable. No es cierto y supone un muy flaco favor para la salud democrática.

Podemos irnos a la distribución de la riqueza y observar cómo personas que trabajan, viven instalados en la pobreza, cómo se les imponen horarios y condiciones inhumanas. No nos puede servir el que en otros lugares del mundo estén peor, ya se ha dicho: muy mal por aquello y muy mal por esto.

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó una resolución que reconoce que vivir en un medio ambiente sin riesgos, limpio, saludable y sostenible es un derecho humano sin el cual difícilmente se pueden disfrutar de otros derechos, como a la salud o incluso a la vida. Observamos cómo en nuestro país sigue en muchos sectores esa idea de “si pago contamino”. Las políticas sobre medio ambiente son aún muy mejorables en nuestra democracia.

El acceso a la vivienda se hace para muchas personas en España un imposible, y viven en condiciones lamentables de protección y salubridad. No son casos extraños ni aislados, aunque a muchos sí les queden muy distantes e imperceptibles. Este sistema, hoy por hoy, no sólo tiene fallos en lo más básico (nutrición, vivienda, salud, igualdad, …) sino que desarrolla medios para taparlos o incluso para que sean aceptados.

Por todo ello, iremos observando un arco en el que habrá quienes quieran recortar en democracia o simplemente quienes dan por buena la que se tenga, pero creemos que la mayor parte de la gente quiere apostar por su continua mejora y optimización. Se debe empezar por reconocer los problemas, sin taparlos, para ir poniendo soluciones. Tenemos unos Derechos Humanos muy torcidos y el compromiso con su mejora, y por tanto con el de la democracia, es hoy, es siempre.



@CPuenteMadera

 

 

miércoles, 24 de noviembre de 2021

POR QUÉ NECESITAMOS URGENTEMENTE UN AQUELARRE RADICAL



A lo largo de la historia, antes de la aparición del feminismo como ideología y herramienta de lucha, las mujeres desarrollaron las más diversas estrategias de resistencia para escapar de la opresión machista. Curiosamente, algunas de ellas encontraron refugio en instituciones religiosas. Buen ejemplo de ello son las célebres beguinas, una especie de “monjas” que durante siglos fundaron por media Europa comunidades autosuficientes al margen del control masculino. También la excelente poeta sor Juana Inés de la Cruz se retiró a un convento como única posibilidad para desarrollar su talento literario.

Los caminos de la libertad son inescrutables. Durante la Edad Media hubo mujeres juglaresas que, para escándalo de muchos santos varones, deambulaban de acá para allá cantando, bailando y recitando historias. En el siglo XVII Catalina de Erauso se travistió de grumete y embarcó hacia América, donde protagonizó increíbles aventuras. Unos siglos después, la gran Concepción Arenal tuvo que ponerse pantalones para poder estudiar derecho. Cada una de esas apuestas vitales, cada uno de esos gestos, constituía a su manera un desafío para el orden establecido.

Pero si algo resultó intolerablemente subversivo fue el ejercicio de la denominada “brujería”. El poder no podía consentir la existencia de aquellas mujeres profundamente libres y sabias, unidas por vínculos de sororidad, que ponían en entredicho no solo el patriarcado, sino la misma estructura económica de las sociedades preindustriales. Lo explica a la perfección Silvia Federici en el ya clásico Calibán y la bruja. El capitalismo naciente necesitó enclaustrar a las mujeres en el ámbito doméstico para utilizarlas como reproductoras de mano de obra barata. Así de claro y así de crudo. Las diversas inquisiciones de los distintos estados no fueron más que las mamporreras de un modo de producción basado en la explotación del hombre por el hombre y, más aún, de la mujer por el hombre.

Por eso, hoy, más que nunca, necesitamos un aquelarre radical. Pablo Casado, con su habitual locuacidad de muñeco loco, realmente estaba indicando el camino correcto cuando denominó así el evento sobre “otras políticas” que reunió en Valencia a Yolanda Díaz, Mónica Oltra, Ada Coláu, Mónica García y Fátima Hamed. Claro que sí. No hay duda. Necesitamos transvalorar todos los valores. Necesitamos reiniciar el sistema. Necesitamos acabar con la injusticia, con la desigualdad, con la corrupción, con las puertas giratorias, con los abusos de las grandes corporaciones, con los techos de cristal sociales y de género, con el racismo, con el machismo, con la homofobia, con el deterioro del medio ambiente… El planeta no aguanta otro siglo más de extracción ilimitada de recursos y extorsión infinita de personas. Necesitamos un aquelarre radical ya porque el dogma neoliberal de la competencia está convirtiendo el mundo en un inmenso juego del calamar incompatible con la vida.

Evidentemente, el proceso no va a ser fácil. A partir de ahora, toda una legión de torquemadas envueltos en banderas rojigualdas incendiará las redes y los medios y removerá Roma con Santiago para dinamitarlo. Por otro lado, no debemos olvidar que el fantasma de La vida de Brian siempre sobrevuela sobre el espacio de la izquierda y amenaza con fragmentarlo en un sinfín de Frentes Populares de Judea y Frentes Judaicos Populares. De modo que hay que andar con mucha cautela. El pasado fin de semana se celebró en Barcelona la III Asamblea de los comunes. La clausura fue como una especie de reedición ampliada del acto de Valencia. Yolanda Díaz apostó por “avanzar juntas en democracia”. En la misma línea, Alberto Garzón defendió el “trabajo conjunto” como “la mejor manera de proteger y ampliar los derechos (…) de las familias trabajadoras”. Llevan razón. No habrá cambios sin la concurrencia de mucha gente de procedencias y condiciones muy distintas. Pero, ojo, en esta ocasión sin duda es preferible que los hombres se hagan a un lado y cedan el paso a las mujeres, porque así son los aquelarres, y porque los excesos de testosterona y las masculinidades tradicionales latentes ya han jodido, por desgracia, demasiadas experiencias previas. Quién sabe, quizá esta sea nuestra última oportunidad para asaltar los famosos cielos, o por lo menos para intentarlo.



 

@CPuenteMadera