sábado, 24 de septiembre de 2016

LO PEOR DE LA LOMCE



Hace poco más de una semana empezaba el nuevo curso. En Castilla-La Mancha prácticamente no ha cambiado nada (mismas ratios, mismos horarios lectivos, mismos distritos únicos, mismos ahogos económicos para los centros, mismo (o peor) ninguneo al profesorado interino, plantillas que a este ritmo de crecimiento no se recuperarán hasta dentro de unos quince años…). O sea, que para este viaje casi no hacen falta alforjas. Pero además, por si fuera poco, ha terminado de implantarse la LOMCE. Cómo será el engendro, que el ministro que lo perpetró ha optado por huir de España (a un chalecito de lujo que le ha puesto Rajoy en París con dinero público, eso sí).

Lo peor de la LOMCE no son las reválidas, aunque muchos chavales, probablemente los de extracción social más humilde, se queden por el camino y no alcancen sus objetivos.

Lo peor de la LOMCE no es que al final de 3º de ESO se obligue a los alumnos a decidir entre una formación laboral o una formación académica, aunque está claro que determinar el futuro de una persona con tan sólo 14 años es una aberración no sólo pedagógica, sino también humana.

Lo peor de la LOMCE no es el aumento desproporcionado de los contenidos, aunque está claro que eso provocará el fracaso de los alumnos que vivan en entornos sociales menos estimulantes o con menos recursos para apoyarlos mediante clases particulares.

Lo peor de la LOMCE no es que los directores puedan ser designados “a dedo” por la administración y que los consejos escolares se hayan convertido en órganos meramente consultivos, aunque eso haga saltar por los aires la democracia escolar que tanto esfuerzo, tantas manifestaciones y tantos sacrificios costó conseguir.

Lo peor de la LOMCE no es que suprima la Educación para la Ciudadanía, arrincone la Filosofía y encumbre la Religión, aunque no cabe duda de que el fin último de la educación debe ser fomentar la libertad de pensamiento frente a los dogmas y las doctrinas.

Lo peor de la LOMCE no es que multiplique hasta extremos kafkianos los procedimientos de evaluación y calificación, aunque el profesorado tenga que invertir horas y horas en tareas burocráticas que le impiden dedicarse a lo que realmente importa: preparar sus clases, revisar el trabajo de sus alumnos, proporcionarles recursos para que progresen….

Lo peor de la LOMCE no es que obligue a programar por competencias (del verbo competir), aunque eso convierta a los alumnos en responsables de su fracaso (por incompetentes).

Lo peor de la LOMCE no es que estandarice el conocimiento, aunque eso suponga estandarizar también a las personas.

Lo peor de LOMCE no es que establezca la obligación de elaborar rankings de centros por resultados académicos, igual que se hace con las empresas, aunque eso convierta el trabajo escolar en una especie de liga o competición en la que, probablemente, ganarán los ricos y perderán los pobres, como suele ocurrir en todas las ligas del mundo.

Lo peor de la LOMCE no es que beneficie descaradamente a los colegios privados y privados concertados (incluso a los que separan a niños y niñas, como en tiempos de Franco), aunque sea a costa de empobrecer a los centros públicos.

No, lo peor de la LOMCE no es ninguna de estas cosas tomadas aisladamente, por muy dañinas que cada una de ellas resulte. Lo peor es que todo forma parte de un plan que pretende inyectar en la médula de nuestro sistema educativo un modelo socialmente segregador, políticamente autoritario y económicamente neoliberal. Y ese es el modelo del PP, es el modelo de la nueva derecha europea y es el modelo de los grandes poderes económicos que están reventando el planeta por todas las costuras.

Por eso, porque la LOMCE es mucho peor de lo que a simple vista parece, a veces nos cuesta entender que muchas familias sólo se preocupen por la factura de los libros, que algunos alumnos sólo se indignen cuando oyen hablar de reválidas o que una gran parte del profesorado sufra la LOMCE en silencio como si fuera una simple almorrana.








domingo, 18 de septiembre de 2016

SANTA RITA, RITA, RITA


El hecho de que un juez imputara a 50 concejales y asesores del PP en Valencia por blanqueo de capitales (todos los concejales del PP del ayuntamiento de Valencia), calificándolos de banda criminal (hay quienes afirman que en el PP de Valencia no se hacen ruedas de prensa, sino de reconocimiento), y que la persona que los lideraba y seleccionó quedara al margen, conllevó que muchos militantes peperos creyeran que Dª Rita Barberá era verdaderamente una santa: Santa Rita. Y claro, como santa ya había una, la de Cascia, pues las comparaciones entre ambas se hicieron inevitables, hasta poder describirse un marcado paralelismo de vidas.

Margarita Lotti, verdadero nombre de la santa original nació en 1381, en RoccaPorena(Italia). Aunque por mentalidad política y social pudiera parecer también de aquel año, la Barberá nació 567 años después.

La santa italiana fue conocida por la efectividad de sus plegarias. Por ejemplo, pasó años rezando para que su marido y dos hijos, los tres extremadamente crueles y malvados, se convirtiesen. El marido murió asesinado un día que regresaba a casa y los hijos murieron de peste. No es que a la santa se le fuese la mano en las plegarias, puesto que hay quien afirma que un rato antes de morir los tres se volvieron buenos. Por su parte, la santa valenciana rezaba y rezaba porque las concesiones de proyectos millonarios se le concediesen a los amigos, ¡y también siempre surtían efecto las plegarias!

La santa italiana fue reconocida en su convento agustino de Casciacomo un referente por sus mortificaciones. La valenciana, como alcaldesa de Valencia, también se mortificaba por el bien de su pueblo: por ejemplo, en tres años, solo en comidas y bebidas, hoteles y viajes de lujo, 278.000 euros en comidas. ¿Verdad que cada vez les encuentran más parecidos?

Pero atentos y atentas, que la cosa no acaba ahí: a los 61 años, la santa italiana recibió en la frente el estigma de una espina de madera(así es representada), y nadie puede explicar por qué le salió. Pues miren por dónde justo a los 61 años, la santa valenciana, nuestra Rita Barberá, también recibió un estigma, pero en su brazo y en forma de bolso de Louis Vuitton, y tampoco nunca nadie pudo explicar el porqué de su aparición.

Pero esperen, hay más. Santa Rita es conocida como santa de lo imposible. La italiana porque hizo brotar del jardín del convento, rosas en pleno invierno; la valenciana porque tras sus plegarias, hizo que al señor Fabra le tocara innumerables veces el gordo de la lotería. ¡No había imposibles en Valencia!

El día de la santa italiana se celebra el 22 de mayo, siendo también un 22 de mayo un día especial para la valenciana, ya que parece que pagó un 43% de su campaña electoral en dinero negro.¡Increíble tanto paralelismo!

Por último, la italiana pasó a la historia por una frase con la que se le quejó una doncella casadera que pidió un novio y después el novio se arrepintió, por lo que se dirigió a la santa italiana diciéndole: Santa Rita Rita, Rita, lo que se da, no se quita.

El caso de la valenciana aquí es el contrario: ante la queja de los españoles y españolas solicitando que abandone su puesto de senadora (para el que nunca fue votada, sino designada a propuesta del PP), es Rita, con la connivencia de la ausencia de Rajoy en el tema, la que ha venido a afirmar: “Santa Rita RitaRita, lo que se blanquea no se quita, “Santa Rita RitaRitaRita, lo que trinco de la Gürtell y la Taula no se quita”, “Santa Rita RitaRita, el aforamiento que me regaló Rajoy no se quita” y “Santa Rita RitaRita, el escaño regalado por el PP no se quita”.

Al menos, algunos en el PP han hecho un disimulado ademán de escandalizarse, pero una prócer ha salido a defender a la imputada a capa y espada. ¿A que no imaginan a qué Cospedal nos estamos refiriendo?



sábado, 10 de septiembre de 2016

LAS IXODOIDEAS POPULARES




La garrapata, o ixodoidea en su nombre científico, es la causante de que una enfermedad desconocida para nosotros, la a veces mortal fiebre Crimea-Congo, haya aparecido en España. Viajando aferrada a las aves, se ha adherido a otros seres vivos en nuestra península (humanos y animales) y quizá ya no se vaya nunca. Es un ectoparásito hematófogo, casi nada: se te pega, te chupa la sangre y encima te deja los bichos que lleva. Una monada.

Parece ser que, debido a la mundialización y a la frecuencia de los viajes internacionales, tendremos que acostumbrarnos a la extensión de nuevas epidemias, desconocidas para nosotros. Los invulnerables occidentales, con su avanzada medicina, padeceremos enfermedades nuevas y sentiremos el desasosiego de que una triste garrapata pueda enviarnos al otro mundo tontamente un septiembre cualquiera, antes de que podamos matricularnos por enésima vez en un curso de inglés o que intentemos completar un coleccionable de Planeta Agostini.

En este terrible y maravilloso planeta, nadie puede derrotar a la naturaleza. Los viajes de trabajo o turismo suelen ser de ida y vuelta, y a la vuelta regresamos con nuevos y letales amigos. Algo así como lo que les sucedió a los nativos americanos cuando los españoles desembarcamos en su continente cargados de armas y de virus y bacterias. Seguramente el calentamiento global, causado por occidente, también ayudará a la extensión de las epidemias de la misma forma que ha afectado a los movimientos migratorios de los animales, portadores de parásitos y demás. ¿Es que existirá algo así como una justicia vengadora de la madre Naturaleza?

Es cierto que de garrapatas también sabemos los occidentales en general, pero mucho más los españoles en particular, aunque el grado de especialista en ixodoideas es monopolio sin duda el Partido Popular. Pensemos, por ejemplo, en una variante de la especie, la ixodoidea-Soria. Dimitido, implicado en los “papeles de Panamá”, en otros países habría sido separado del cuerpo al que parasita. Sin embargo en España su gran habilidad para aferrarse a su huésped (el desangrado pueblo español) se premia con un puesto de honor en el Banco Mundial. Ole, ole y ole: Spain is different. Por deseo expreso de Rajoy, “el regenerador”. El presidente en funciones, en su estilo habitual, todo sentido común y sensatez y las cosas como-dios-manda, miente con el asunto Soria a todo el mundo y se queda tan ancho… ya saben, todo es verdad salvo alguna cosa. Y, acto seguido, insiste en seguir siendo presidente.

Hay muchos más casos de parasitismo protagonizados por el partido que preside Mariano Rajoy. Además de la ixodoidea Soria, está la ixodoidea Barberá, imputada-doble senadora, por la gracia de Rajoy. No seguiremos: para curarse del todo, el PP necesita un especialista mundial en enfermedades tropicales… o quizá simplemente le bastaría con un profesor de ética, de esos que con la LOMCE , se van a quedar sin trabajo en beneficio de los catequistas.

El caso es que, para evitar este terco y dañino garrapaterismo que se aferra a nuestra vida nacional, personas sensatas y además de izquierdas (¡sí, Mariano, existen!) como Alberto Garzón, van proponiendo medidas que puedan salvar al país de la epidemia popular-garrapateril.

Tenemos algo menos de dos meses para, democráticamente, librarnos para siempre de toda una generación de garrapatas políticas y de sus grandes protectores, Rajoy y Cospedal. ¿Será posible que todos los que no quieren que nuestro país siga infectado no se pongan de acuerdo? A unos nos gusta más el ibuprofeno y a otros el paracetamol, hay quien se pirra por el ácido acetilsalicílico… pero, por favor, Sánchez, Garzón, Iglesias y Rivera, ¡encuentren la medicina, quítennos de encima a estos parásitos políticos antes de Navidad!






sábado, 3 de septiembre de 2016

SE BUSCA UNA ALTERNATIVA



En la tarde del pasado martes, 30 de agosto, el candidato Rajoy nos regaló un soporífero discurso de investidura de 80 minutos, plagado de “logros” macroeconómicos, presentándose como la única solución de gobierno frente a cualquier “aventura del radicalismo”, desgranando algunas de las medidas (de difícil digestión e implementación) de su pacto con C´s , todo ello bajo el mantra permanente de que, sin un gobierno “estable”, la economía podía empeorar. Mariano Rajoy en un tono displicente, retador con los nacionalistas catalanes, olvidándose de la mayoría de los españoles que lo están pasando muy mal, intentó conseguir, con poca fe y convencimiento, la confianza de la mayoría de los diputados y diputadas.


Las réplicas y contrarréplicas de los diferentes líderes parlamentarios se sucedieron a lo largo del miércoles, vislumbrándose pronto, bajo la influencia del fantasma de unas terceras elecciones, que en la primera votación no lograría Mariano sacar adelante su investidura. Algo que se plasmó en cifras a última hora de la tarde: 170 votos a favor del candidato, frente a 180 votos en contra. Este resultado se repitió con total exactitud en la segunda votación celebrada el pasado viernes, con lo que se daba por finalizada la investidura fallida del jefe de la “organización criminal” que nos está gobernando en estos últimos cinco años, y que desea seguir haciéndolo con una segunda etapa de recortes, austericidios y dislates.


Seguimos sin gobierno, el bloqueo sigue su curso. La cuenta atrás, que nos puede llevar a una tercera cita electoral, ha empezado a dar sus primeros pasos. Nosotros no deseamos volver a las urnas el próximo mes de diciembre, pero si somos sinceros, no tenemos miedo a terceras elecciones, tenemos más miedo a más desigualdad, más déficit, más corrupción, menos derechos y a un gobierno que da la espalda a los problemas de la mayor parte de la ciudadanía. A eso sí le tenemos verdadero pánico.


Después de este capítulo de frustración para Rajoy y el PP, toca dar un vuelco a la situación. Es el momento de buscar un gobierno alternativo de progreso, algo que es de una manifiesta complejidad, pero que hay que intentarlo con uñas y dientes, porque son tantas las necesidades de la mayoría de la población que hay que satisfacer, que no se puede tirar la toalla por anticipado. Es el tiempo de romper con un régimen que ha legalizado la corrupción y la injusticia. Cerremos el quinquenio oscuro del PP, abramos mentes y corazones para construir un gobierno de cambio.


Nos ha sorprendido gratamente la firmeza y coraje de Pedro Sánchez, manteniendo hasta el último momento su “no es no” al candidato Rajoy, frente a las presiones procedentes de algunos barones y de los sarcófagos de la derecha socialista. Bien por el señor Sánchez. Pero resulta insuficiente para seguir avanzando. Ahora toca mojarse, remangarse, ser valientes, ser parte de la solución y comenzar un diálogo sincero con otras fuerzas políticas que puedan facilitar una alternativa de progreso.


Hay muchos recelos en el PSOE para pactar con Unidos Podemos (UP). El problema no es la consulta catalana, lo que teme el partido socialista es que UP le coma la tostada, le recorte terreno, que le dispute su posición “hegemónica” de la izquierda española. Por primera vez hay un nuevo partido que disputa con la dirección de la calle Ferraz el mismo espacio electoral, la verdadera izquierda, pero los cuadros del PSOE se resisten a reconocer a Unidos Podemos como un igual, no se dan cuenta que UP no es ninguna fuerza subalterna. Pedro Sánchez debe olvidarse de las reiteradas presiones de la oligarquía mediática, aparcar sus intereses de partido, poner por delante un programa de gobierno, con Unidos Podemos y otros partidos, que erradique la corrupción. la desigualdad, las bolsas de pobreza y marginación de este país, dejando a un lado miedos, agravios, envidias y malos rollos.


Ha llegado el momento de construir conjuntamente esa ansiada alternativa, hay que intentarlo. Las dificultades no deben asustarnos, el reto es de tal enjundia que merece la pena trabajar desde la izquierda por un gobierno distinto. ¡A cabalgar, a cabalgar...hasta enterrarlos en el mar!








sábado, 27 de agosto de 2016

LAS RAÍCES DE LA HOMOFOBIA

Como sabrán los lectores, la semana pasada una chica y dos chicos de Albacete sufrieron un ataque homofóbico por parte de unos energúmenos que les insultaron, golpearon y persiguieron. Antes que nada, queremos expresar nuestra solidaridad con las personas agredidas y reconocer la importante labor de información, asesoramiento y denuncia que está llevando a cabo en nuestra ciudad la Asociación Abanico. Por otro lado, no podemos dejar de aprovechar la ocasión para mostrar nuestro desprecio hacia todos esos macheras cobardes y mediocres que suplen con testosterona la carencia de neuronas. El filósofo Feuerbach dijo que somos lo que comemos, pero quizá algunos son más bien lo que descomen.

Parece claro que la deriva conservadora que padecemos está contribuyendo a multiplicar las agresiones machistas hasta extremos que hace unos años no habríamos imaginado, pero también resulta evidente que el fenómeno hunde sus raíces en lo más profundo de nuestra historia. Si queremos luchar eficazmente por la igualdad, quizá convendría recordar algunas cuestiones.

En principio, ciertas sociedades condenan la homosexualidad y el derramamiento de semen (el onanismo bíblico) y practican la poligamia como parte de una estrategia global de supervivencia del grupo en entornos medioambiental o humanamente hostiles. Simultáneamente, dichos condicionamientos materiales generan ideas e ideologías que, muy pronto, se convierten en herramientas de control por parte de castas sacerdotales y aristocráticas masculinizadas y conectadas entre sí. En el caso de nuestra civilización judeocristiana, la iglesia católica ha perseguido históricamente la homosexualidad por considerarla un fenómeno contrario al orden natural y, por lo tanto, a la voluntad de Dios, que lo ha diseñado. El argumento resultaría casi cómico si no hubiese ocasionado tanto sufrimiento. En primer lugar, porque no se puede conocer la voluntad de algo que no existe; y, después, porque natural es lo que se halla en la naturaleza, y en la naturaleza está representada toda la diversidad de conductas sexuales que se pueda imaginar, tal y como ha demostrado el biólogo Bruce Bagemihl en su copioso y documentadísimo libro La Exuberancia Biológica: la Homosexualidad Animal y la Diversidad Natural. De modo que no, la naturaleza no justifica ningún tipo de Inquisición. La realidad es  más simple y, si se quiere, más grosera: las iglesia, y el poder en general,  ha perseguido históricamente a las mujeres libres, a quienes han practicado libremente la sexualidad y a quienes han pensado o creído libremente porque la libertad destruye el miedo, que constituye el cimiento de su existencia.

Dicho de forma genérica e híper breve, así han venido siendo las cosas tradicionalmente en nuestra sociedad. Lo que resulta alucinante es que, bien avanzado el siglo XXI, el pensamiento machista y homófobo no sólo permanezca presente, sino que siga creciendo y alimentando conductas como las que comentábamos al comienzo del artículo. Por ello, necesitamos urgentemente adoptar medidas que vayan más allá de pequeños retoques legales paliativos e incidan directa y contundentemente en las raíces del heteropatriarcado. Así, por ejemplo, el Estado debería dejar de financiar inmediatamente a todas aquellas sociedades, confesiones o clubes que no reconozcan la igualdad radical entre las personas de distinto sexo, excluyan a la mujer de su estructura organizativa o pretendan menoscabar de cualquier modo los derechos de la comunidad LGTBI. Por otro lado, debemos abolir ya mismo un sistema educativo basado en las proezas de machos alfa territoriales (reyes, generales, próceres, oligarcas) y sustituirlo por otro que reconozca el protagonismo de las mujeres en los diversos aspectos de la vida y plantee el progreso humano como resultado de la cooperación y el esfuerzo colectivo. Sin un cambio cultural profundo, los cambios legales son insuficientes.

En fin, eso para ir abriendo boca.

Ah, y se nos olvidaba lo más inmediato para avanzar en igualdad y combatir la homofobia: echar del gobierno a un Partido Popular que recurrió la Ley del matrimonio igualitario ante el Tribunal Constitucional, que suprimió la asignatura de Educación para la ciudadanía porque en ella se hablaba de que actualmente hay familias distintas a la tradicional y que tolera con naturalidad las patochadas machistas de los bocazas con cargo que tiene repartidos por toda España.


domingo, 21 de agosto de 2016

POLÍTICOS OLÍMPICOS


Rajoy andaba comentando: oye, y como las olimpiadas son cada 4 años, igual que las elecciones, lo mismo podemos copiarlo: si no ganamos las medallas que queremos, podemos repetir las olimpiadas una y otra vez hasta que los demás se aburran y nos den por ganadores a nosotros. Su asesor miró al cielo, susurró un ¡señor qué cruz! y pensó que lo mismo no era mala idea que el Gobierno hiciera ir a políticos y autoridades a las olimpiadas, y ya lo apañarían para que don Mariano se luciese sobre los demás. Dicho y hecho, se avisó al resto y salió una expedición.

El abanderado fue el señor Rafael Hernando, quien extrañado (y molesto) porque en el escudo de la bandera no hubiera ningún aguilucho, decidió poner unas gaviotas por su cuenta: ¡mire jefe que chulas, mire jefe! repetía incesantemente.

El rey bis Juan Carlos pidió ser, como dios manda, el primero en actuar. Lo haría en la prueba de tiro olímpico, en la modalidad de “rifle de aire 10 metros”. La sorpresa saltó cuando apareció en la pista con un “SSK 950 JDJ” el rifle de caza más potente del mundo. Comenzó a disparar e igualmente no dio ni una en diana, pero un grupo de lacayos no paraban de recoger palomas, conejos y otros bichos vivientes que pasaban por allí. Incluso a alguien le dijeron que iba muy elegante, y con su sordera senil le pareció oír ¡un elefante! y llegó a encañonar a un juez.

Luego fue llamado Alberto Garzón, quien al ir a pronunciar su deporte elegido, fue rápidamente increpado: Tú no eliges, tú directamente a correr obstáculos. En fin, parecía estar haciendo una buena carrera aunque curiosamente no salía nada por las pantallas del estadio. Perdió la cuenta de las zancadillas recibidas. No hubo ningún seguimiento mediático.

Vino después Albert Rivera, quien se empeñó en saltar longitud estilo Fosbury: quiero llegar lejos pero elegantemente, dijo antes de meterse la tremenda leche. Luego, recapacitó y pidió que él haría la misma prueba que Rajoy, para echarle un cable si precisaba.

Llegó el turno de Pablo Iglesias, quien dejó claro que él quería dar un salto de altura. Todo pintaba bien, pero resultó extraño que no dejara de arengar ni durante la carrera, y que en el salto mirara mientras seguía dando un mitin a la cámara. No llegó a dar el salto lo suficientemente alto. Criticado por su estrategia en la prueba, afirmó que no entendía cómo lo acusaban de falta de horizontalidad, si él todas las órdenes que daba se le ocurrían estando tumbado.

Saltó entonces Pedro Sánchez: Yo esgrima. Lo tenía claro, para él eso de que hubiese más de uno o una peleando en pista era una modernez de perroflautas, y la cosa es mejor mano a mano, entre dos. Así se acercó al depósito, y para empezar a competir cogió el florete con la izquierda, pero siempre intervino luego con la derecha. En fin, lo de siempre, ya saben.

Y llegó el turno de Mariano Rajoy, quien se dispuso a demostrar que "España es una gran nación y los españoles muy españoles y mucho españoles”. Primero valoró hacer deporte de aguas tranquilas, no porque la tradición sea buena para los españoles y españolas, sino pensando en competir con algún yate de uno de sus amigos. Luego cayó en que lo mismo se cruzaba con alguna patera de inmigrantes o refugiados que a él tanto gustaba putear, y con gesto asqueado cambió de idea. Pensó entonces en la metáfora que supondría participar en algún lanzamiento, por lo de relanzar España, y allá que fue con toda su corte de acólitos. Al ir a tomar una jabalina, las decenas que había preparadas, habían desaparecido. También habían abandonado el grupo de apoyo algunos de la Gürtel. Fue entonces a coger un disco. Igualmente no quedaba ni uno, al tiempo que también se veía alejarse corriendo a los del grupo pepero de Valencia. Igual pasó con peso y martillo. Su gente arrasaba con todo allá por donde pasaban. Pidiéndoles un esfuerzo de contención a los pocos que quedaban, los llevó a una extraña pista para hacer finalmente su prueba de 10 metros lisos: Era curiosa. Corría en solitario, una cla coreaba “Mariano, sé fuerte”, estaba cuesta abajo, Rivera le iba alisando el terreno, los árbitros pertenecían a una rara federación cuyo escudo eran dos gaviotas y mientras, un esgrimista aplaudía desde la grada. Para cuando fueron a apagar el pebetero, este también había desaparecido.





domingo, 14 de agosto de 2016

Más alto, más bajo; más rápido, más lento


Los Juegos Olímpicos, recuperados para celebrar la paz entre las naciones, se han convertido desde hace décadas en un acontecimiento mundial. Guste el deporte o no, humanamente es emocionante asistir al esfuerzo de personas de todos los continentes que se han sacrificado durante años para conseguir un sueño, ya sea ganar o simplemente participar.

Sin embargo, hay muchas medallas podridas rodeando a tanta grandeza humana. La primera, el negocio en el que el capitalismo ha convertido al deporte: todo está cargado de publicidad, todo se vende, todo se compra… hasta el alma de los atletas que desgraciadamente se venden a las redes del dopaje a cambio de resultados.

La segunda medalla de la podedumbre es que unos juegos multimillonarios se celebren en un país tan desigual que, en realidad, no podemos hablar de que en Brasil haya grandes bolsas de pobreza, sino de que existen bolsas de riqueza rodeadas de un mar de marginalidad.

La tercera agria medalla, en la que nos detendremos, es la de que los loables sentimientos de fraternidad humana que aparecen ocasionalmente en los Juegos queden en realidad ahogados por el egoísmo nacional y la hipocresía.

Pongamos un ejemplo de ello: es difícil no emocionarse con la historia de los atletas que han participado bajo la bandera del COI porque sus países no pueden competir en los Juegos debido a las guerras. En la inauguración de los Juegos el estadio olímpico aplaudió a rabiar a esos pocos valientes atletas, y seguramente un escalofrío recorrió a millones de personas que veían la escena por televisión. Especialmente emotiva es la historia de la nadadora siria Yusra Mardini, que tuvo que nadar para salvar la vida de una barca de refugiados. En esos momentos, casi mágicos, parece que todo el planeta se sintiera solidario y comprensivo con el drama de los que sufren la guerra y la persecución. Pero un día después, y especialmente en los países más ricos del mundo, la magia desaparece y la indiferencia y la hipocresía vuelven a levantar su muro. Cerrando los ojos o mirando hacia otro lado, estos países dejarían que otra Mardini se ahogara, levantarían un muro más alto para que otra Mardini no entrara en su país, tenderían alambradas más cortantes para que otra Mardini no pudiera saltar ese muro. También harían algo más, mentir: batiendo el record del mundo de lentitud, algo de lo que sabe mucho Mariano Rajoy, prometerían acoger a 16.000 refugiados, para luego ayudar solamente a unos centenares, como ha hecho vergonzosa e inhumanamente el gobierno español.

¿Qué nos sucede, en qué tipo de alimaña nos hemos convertido? ¿Se nos saltan las lágrimas desde el sillón con la historia televisada del esfuerzo de una atleta a la que, sin pestañear, hubiéramos dejado ahogarse? Melissa Fleming, responsable de comunicación de ACNUR, ha señalado en varias intervenciones tan sólidas como escalofriantes que occidente, y Europa en especial, ha decidido que no le importa la vida de otros seres humanos. Que el miedo a los cambios pesa más que su humanidad. Que el miedo a perder un poquito de bienestar, a convivir con otros seres humanos diferentes, pesa más que los miles de cuerpos hundidos en el Mediterráneo. Así es también nuestra sociedad, de espíritu tan elevado en ocasiones, tan rastrero en otras. Así son nuestros estados y nuestros gobiernos, tan rápidos en defender sus intereses por la fuerza, tan lentos como Rajoy cuando no les importa el sufrimiento de los demás. Tan altos, tan bajos; tan rápidos, tan lentos. Tan magníficos, tan inhumanos.